En el corazón de la medicina preventiva mexicana se encuentra una sabiduría que ha pasado de generación en generación: la alimentación tradicional. Mucho antes de que existieran los suplementos sintéticos o los planes de dieta comercializados, nuestros pueblos originarios ya conocían el poder curativo de los alimentos naturales.
La cocina ancestral mexicana no solo es rica en sabor, sino también en nutrientes. Ingredientes como el maíz nixtamalizado, el frijol, el chile, la calabaza, el nopal, el amaranto y el cacao son más que elementos básicos: son medicina funcional que nutre y protege.
Maíz y nixtamalización: el proceso ancestral de cocer el maíz con cal hace que el grano libere niacina (vitamina B3), mejore su biodisponibilidad y refuerce el sistema inmunológico. Esta técnica también reduce antinutrientes y mejora la salud digestiva.
Nopal y fibra medicinal: el nopal es fuente de fibra soluble, mucílagos y antioxidantes. Ayuda a regular el azúcar en sangre, disminuir el colesterol y mejora el tránsito intestinal. Su consumo frecuente se relaciona con la prevención de la diabetes tipo 2.
Frijol: rico en proteínas vegetales, hierro, zinc y fibra. Es un alimento fundamental para prevenir anemia y enfermedades cardiovasculares. Al combinarse con maíz, forma una proteína de alto valor biológico.
Chile: además de ser un condimento vibrante, aporta capsaicina, que tiene propiedades antiinflamatorias, analgésicas y favorece el metabolismo. También es rico en vitamina C, esencial para el sistema inmune.
Amaranto: conocido como “el oro de los aztecas”, es una semilla rica en proteína completa, calcio, hierro y magnesio. Es ideal para fortalecer huesos, músculos y regular la presión arterial.
Cacao puro: en su forma ancestral, sin azúcares añadidos, es fuente de polifenoles antioxidantes, mejora el ánimo y protege el sistema cardiovascular.
Además de estos ingredientes, otros alimentos tradicionales como la calabaza, el quelite, el epazote y la chaya complementan una dieta rica en compuestos bioactivos. Estas plantas, muchas veces consideradas maleza en la actualidad, eran valoradas por sus propiedades depurativas, antiinflamatorias y digestivas.
El uso de infusiones de hierbas como el té de manzanilla, hierba buena, anís, toronjil y diente de león también forma parte de esta herencia. Estas bebidas naturales no solo alivian malestares cotidianos, sino que fomentan la conexión cuerpo-mente y el descanso profundo.
En conjunto, esta alimentación promueve un estado de equilibrio interno, previene enfermedades crónicas y fortalece la relación con la tierra. Adoptar elementos de nuestra dieta tradicional es una forma accesible y sostenible de cuidar la salud.
