Cuidar de nuestra salud femenina implica algo más que chequeos regulares o una dieta equilibrada: significa entender nuestro cuerpo y sus ritmos. El ciclo menstrual no es solo una serie de días, es una danza hormonal que influye en nuestra energía, emociones y necesidades físicas. Reconocer cada fase de este ciclo es una herramienta poderosa para mejorar nuestro bienestar general.
El ciclo menstrual se divide en cuatro fases principales: menstrual, folicular, ovulatoria y lútea. Cada una está regulada por cambios en los niveles de estrógeno, progesterona, FSH y LH, hormonas que afectan desde nuestro estado de ánimo hasta la calidad del sueño, la digestión y el rendimiento físico.
Durante la fase menstrual (días 1 a 5), los niveles hormonales están bajos. Es común sentir fatiga, por lo que es ideal reducir el ritmo, priorizar el descanso y optar por alimentos ricos en hierro y magnesio. El autocuidado emocional también es clave: permitirse sentir sin juzgar.
La fase folicular (días 6 a 14) marca el ascenso del estrógeno. Esto trae un aumento en la energía, la concentración y el optimismo. Es un buen momento para retomar proyectos, hacer ejercicio con más intensidad y consumir alimentos que apoyen la síntesis de estrógeno como vegetales crucíferos, semillas y legumbres.
En la fase ovulatoria (alrededor del día 14), el estrógeno alcanza su punto máximo. Esta fase potencia la sociabilidad y la creatividad. Las relaciones interpersonales fluyen con facilidad y el cuerpo responde muy bien al ejercicio cardiovascular. Incluir alimentos ricos en zinc y antioxidantes apoya la salud ovárica y el equilibrio hormonal.
Finalmente, en la fase lútea (días 15 a 28), la progesterona se eleva. Muchas mujeres experimentan síntomas premenstruales como hinchazón o irritabilidad. Aquí es clave enfocarse en hábitos que promuevan la calma: yoga, meditación, evitar estimulantes como la cafeína, y priorizar el sueño. La alimentación debe centrarse en mantener niveles estables de azúcar, con carbohidratos complejos y grasas saludables.
Escuchar a nuestro cuerpo no solo mejora nuestro bienestar físico, sino que fortalece la relación que tenemos con nosotras mismas. Al respetar nuestros ritmos, podemos vivir con mayor armonía y consciencia.
