En las últimas décadas, México ha experimentado una transformación significativa en su perfil de salud pública. Las enfermedades infecciosas han cedido terreno a las enfermedades crónicas no transmisibles (ECNT), como la diabetes tipo 2, la hipertensión y las enfermedades cardiovasculares, que ahora representan más del 80% de las causas de muerte en el país.
Este cambio, conocido como transición epidemiológica, refleja no solo el envejecimiento de la población, sino también la influencia de factores como la urbanización, el sedentarismo y una alimentación poco saludable. Según datos de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT) 2021, el 73.4% de los adultos mexicanos presentan sobrepeso u obesidad, y el 28.9% realiza actividad física insuficiente .
La obesidad infantil es particularmente alarmante. Se proyecta que para 2035, el 56% de los niños en México tendrá sobrepeso u obesidad, lo que podría reducir su esperanza de vida y aumentar la carga sobre el sistema de salud.
La prevención de las ECNT requiere un enfoque multifactorial. Entre las estrategias clave se encuentran:
Fomentar una alimentación balanceada, rica en frutas, verduras, granos enteros y baja en azúcares añadidos, grasas saturadas y sodio.
Promover la actividad física regular, al menos 150 minutos de ejercicio moderado a la semana.
Evitar el consumo de tabaco y alcohol, factores de riesgo ampliamente asociados a las ECNT.
Realizar chequeos médicos periódicos, que permitan la detección oportuna de enfermedades como la diabetes e hipertensión.
Fomentar entornos saludables, desde el hogar hasta el ámbito escolar y laboral, donde se facilite la toma de decisiones saludables.
Ante este panorama, el gobierno mexicano ha implementado medidas como la prohibición de la venta de comida chatarra en escuelas y la promoción de alimentos saludables . Además, se han fortalecido las Unidades de Especialidades Médicas (UNEME) para el tratamiento integral de las ECNT, enfocándose en la educación del paciente y la participación familiar.
Sin embargo, persisten desafíos significativos, como la desigualdad en el acceso a servicios de salud y la necesidad de una mayor inversión en prevención y promoción de estilos de vida saludables.
La transición epidemiológica en México requiere un enfoque integral que incluya políticas públicas efectivas, educación en salud y la participación activa de la sociedad. Solo así se podrá revertir la tendencia creciente de las ECNT y garantizar una mejor calidad de vida para las futuras generaciones.
