Desde tiempos ancestrales, diversas culturas han explorado la energía como un canal vital para alcanzar bienestar integral. Las terapias energéticas, lejos de ser simples creencias populares, forman parte de un legado milenario que hoy en día despierta un renovado interés tanto en la medicina alternativa como entre profesionales de la salud convencional.
Estas prácticas parten de un principio común: el cuerpo humano no solo está formado por órganos y tejidos, sino también por energía. Cuando esta energía fluye de forma armónica, la salud se mantiene; cuando se bloquea o desequilibra, pueden surgir enfermedades físicas o emocionales.
Entre las terapias más reconocidas se encuentran el reiki (de origen japonés), la imposición de manos, la acupuntura (proveniente de la medicina tradicional china) y la sanación pránica. Cada una, con su metodología particular, busca restablecer el flujo energético a través de centros llamados chakras o meridianos, actuando sobre emociones, dolencias físicas e incluso estados de conciencia.
Lejos de estar basadas únicamente en la fe, muchas de estas técnicas han sido objeto de estudios científicos que, si bien no las validan como sustitutos de tratamientos médicos convencionales, sí reconocen sus beneficios como terapias complementarias. Por ejemplo, el reiki ha mostrado ayudar a reducir niveles de ansiedad y dolor en pacientes hospitalizados, mientras que la acupuntura ha sido recomendada por la OMS como tratamiento auxiliar para más de 50 padecimientos.
En el contexto mexicano, prácticas como la curación con plantas, los temazcales, la limpia con huevos o ramas, y el uso del copal también son formas de terapia energética profundamente enraizadas en nuestra tradición. Estas técnicas, transmitidas de generación en generación, reflejan una comprensión holística del ser humano, donde sanar el cuerpo implica también armonizar el espíritu.
Es importante señalar que estas terapias no pretenden reemplazar el tratamiento médico tradicional, sino integrarse como aliadas en un enfoque de salud más completo, centrado en la persona y no solo en el síntoma. Cada vez más profesionales de la salud reconocen el valor de este enfoque integrativo, que escucha al cuerpo, pero también al alma.
Como en todo proceso terapéutico, es fundamental acudir con personas capacitadas, respetar las indicaciones médicas y mantener una actitud abierta, pero crítica. La salud ancestral nos recuerda algo esencial: el bienestar no solo se trata de curar, sino de vivir en equilibrio.
